Torre de Fuente Alhama

Declarado Bien de Interés Cultural

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La Torre de Fuente Alhama se localiza entre los términos municipales de Luque y Priego de Córdoba, a una gran altura con respecto al entorno y en la cota 650, sobre un inmenso campo de lapiaz constituido a base de calizas y yesos sobre margas abigarradas del Trías. Se encuentra asentada en las bruscas pendientes que miran a Levante de la Sierra Alcaide, lo que le permite vigilar el viejo camino de Priego a la campiña cordobesa, y las feraces huertas de la Fuente Alhama -un importante manantial cárstico de agua potable-, así como de los ríos Salado y Zagrilla. La importancia de ese camino no era sólo porque comunicaba a Priego con la campiña cordobesa, sino también, como señalan A. Arjona y V. Estrada, porque comunicaba a la misma ciudad de Córdoba con la de Málaga pasando por Priego, Iznájar y Archidona. Esta vía atravesaba el término municipal de Priego de norte a sur, prácticamente por el trazado del camino real de Córdoba a Málaga por Fuente Alhama y Montes de Alhama. Además de controlar esa vía, la posición dominante y estratégica de esta torre le permitía una amplia visibilidad hacia el este que la ponía en comunicación con las tierras de Baena y Luque, al noroeste, con la Torre del Morchón, a unos 30º; por el este con la Torre Bajera, a unos 60º, y Torre Alta, en los 120º; y por el suroeste con los campos de Priego a través de la Torre de Barcas, en los 165º.

Es de forma cilíndrica, de unos 10 metros de altura y 4,5 metros de diámetro. Su aparejo está formado por bloques de piedra caliza sin apenas tallar, colocados según su forma y revestidos en gran parte de su supercie por una argamasa bastante sólida y dura. En esta torre también se aprecian las verdugadas formadas por lajas de piedra y otros cantos y cascotes que sirven a veces de cuñas a los sillares y bloques de piedra.

Estas verdugadas se observan en intervalos de 40 a 60 centímetros de distancia.

Aunque muy bien se podría incluir dentro del tipo de torres macizadas en un primer tramo .de 4 ó 5 metros de altura-, de diámetro pequeño, entre 3,5 y 4,5 metros, de aparejo ciclópeo pero ordenado por las verdugadas, esta forticación constituye según A. Sánchez y J. Hurtado de Molina un caso excepcional, ya que se encuentra macizada en la totalidad de los diez metros que se conservan. Pero además, por carecer de cualquier clase de abertura, ventana o puerta que permitiera el acceso o la fácil vigilancia, funciones que muy bien podrían llevarse a cabo mediante escalera o escala de quita y pon hasta lo más alto de la atalaya.

En sus alrededores no se ha encontrado ningún resto cerámico ni de otro tipo digno de mención y que ayude a su datación, sí algunos fragmentos de tejas que vulgarmente se conocen como árabes y que en la actualidad se siguen utilizando, junto con otros fragmentos de cerámicas atípicas correspondientes a grandes ánforas y otros tipos de diversas clases de vasijas no determinadas.

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